Punto de vista de Elara.
La luz de la mañana era intensa, penetrando a través de los altos ventanales del ala de la clínica privada de la mansión.
Me moví, la herida de la cirugía en mi abdomen protestaba airadamente. Dante estaba allí, desplomado en una silla junto a la cama. Su camisa de seda estaba arrugada.
"Tienes un aspecto terrible", murmuré con voz ronca y débil.
Dante abrió un ojo. El cansancio en su mirada era evidente. "Casi mueres".
"Ya lo has dicho muchas veces".
Se puso de pie de