Punto de vista de Ciara
Me giré bruscamente. El corazón me latía con tanta fuerza que pensé que se me iba a romper el esternón. El hombre que estaba detrás de mí no era el de los trajes azul marino. Era más joven, quizás de unos veintitantos años, con el pelo oscuro y despeinado y una amplia y amable sonrisa. Me extendía mi pequeño bolso de cuero negro.
—Señorita, se le cayó —dijo con voz firme y suave.
Miré más allá de él, hacia la entrada de la pasarela de embarque.
Los dos hombres de traje s