Fabián regresó varios días en distintos horarios al departamento de Belén para encontrar el silencio. Nadie salía a abrir; llamó innumerables veces al celular y sonaba apagado. Una tarde volvió a la puerta de Belén y el dueño, al encontrarlo, dijo que ya le había advertido desde la primera vez que Serena era una aventura y que no se hiciera ilusiones con su hija; pero, haciendo uso de su derecho, iba a proceder con el desalojo: Belén no volvía y no pagó el alquiler.
Su rostro, velado por la