Belén, con las ideas dando vueltas, se acostó; sentía rabia y miedo. Extrañaba a Fabián, estaba segura de su amor y quería enviar una señal, al menos una nota que explicara algo, lo que fuera; quería decirle que estaba bien, pero el tiempo pasaba y seguía sin poder abandonar la casa. Se sentía asfixiada, suspiró con amargura enroscada sobre sí; imaginaba cómo sería abrazar a su hijo, imaginaba la voz de Fabián pidiendo que lo acompañara hasta el infinito. Las lágrimas se negaron a desaparecer