Los días pasaron en un lento silencio de abrazos solitarios y culpas acechando. En un sitio neutral, Eduardo recibió de su escolta personal las cenizas de Héctor, cuyo eco al caer aún vibraba en el hospital. Se fue con el viento, llevando consigo el oscuro secreto de una vida por otra. La amiga del casino, la que lo impulsó a la primera apuesta, era la mejor amiga de su esposa, pero se convirtió en su amante en el camino y la perdió cuando se terminó todo el efectivo y las cuentas del banco qu