Eduardo colgó la llamada que tenía con su hermana y acomodó varias cosas en los anaqueles y el refrigerador: dos tarros de fórmula para la niña y la medicina para Wendy sobre la mesa. Ella agradeció sonriendo y se limpió las manos para servir el almuerzo.
—Voy a pedir permiso para visitar a Héctor hoy; también puedes acompañarme si deseas —comentó Eduardo con su mirada profunda.
Wendy sonrió nerviosa, argumentó que ya no quería verlo y se sentó sin comentar más.
Eduardo se dirigió a la clín