Serena, ignorando que sus hijos habían empezado a luchar sus propias batallas, preparó la cena para despedir a Inés. Los tres comieron alegremente mientras aseguraban que acompañarían a Inés hasta el aeropuerto.
Después de servirse la última porción de carne, Ismael bromeó con su hermana sugiriendo que debía visitarlos más seguido porque, generalmente, Serena no se esforzaba en la cocina. Serena levantó la ceja en un gesto retador y coqueto.
—De castigo tendrás que lavar los platos —comentó dej