Mundo ficciónIniciar sesiónViviana se despertó temprano. Como ignoraba si le iban a dar enseguida su paquete de uniformes, en su maleta colocó tres conjuntos deportivos, zapatos y ropa interior. Al salir, le informó al guardia que iba a regresar el siguiente sábado y él rió, preguntándole por qué iba a pagar por el departamento si podía ir los dos días a un hotel; ella le contestó golpeándole suavemente la espalda:
—Porque los hoteles no me gustan. Caminó arrastrando su maleta y se adentró en el condominio Falcón. Entregó la maleta al guardia y esperó a que la revisaran. Al terminar, le abrieron paso y le indicaron por dónde debía ir. Kiara la recibió personalmente y le entregó el kit de uniformes y zapatos; la llevó con la maleta al que iba a ser su cuarto y, después de dejar el equipaje, la condujo a la habitación del niño. El cuarto, pintado de azul cielo y azul eléctrico con nubes, montañas y playas, tenía dentro su propia área de juegos y de descanso; la amplia cama de madera rústica finamente tratada era una mezcla extraña además de bella. El niño se despertó y Kiara los presentó oficialmente; el pequeño movió la cabeza para un lado y extendió sus manos intentando agarrar el collar que Viviana llevaba. Una vez que Kiara se fue, Viviana reorganizó el cuarto y empezó con tareas para afinar la motricidad jugando con plastilina. Damián observaba los videos de la cámara de seguridad y, al notar la inmediata familiaridad del niño con la nueva niñera, le dijo a Estéfano que tal vez estaba equivocado y que su paranoia le estaba haciendo juzgar mal a Viviana. Su fascinación fue notada inmediatamente por Estéfano, pero esta vez decidió que el peso de los acontecimientos los guiara. Eddy, al pasar tres días con su nueva niñera, empezó a hablar otra vez y Viviana aconsejó que el niño debería dejar el pañal para moverse con mayor libertad. Kiara y Damián lo aprobaron mientras se convertía en parte cotidiana de sus vidas ver a la niñera interactuar con Eddy. El jueves en la noche llegó Diego para cenar con la familia. Su rostro cansado y su voz ronca indicaban que la estaba pasando mal. Damián le presentó a Viviana y Diego quedó maravillado del rápido progreso que tuvo Eddy; escuchó al niño decir “papá” como en el video que había visto varias veces. Viviana aceptó el elogio con una reverencia y su sonrisa mostrando los caninos. Tal vez por costumbre, los que eran presentados a Viviana buscaban los ojos verdes que perdieron; ella les sonreía intuyendo lo que buscaban en ella. El sábado por la mañana Kiara se dirigió a Viviana, que preparaba a Eddy para que desayunara. —Viviana, sé que te dije que tenías libre a partir del mediodía, pero hoy tengo una reunión importante con un grupo de amigas. ¿Puedes quedarte hoy? Te pagaría o te lo retribuyo la semana entrante. Viviana aceptó excusándose en el hecho de ser nueva en la ciudad y no conocer a nadie. Esa tarde salieron todos los empleados como de costumbre y Damián acompañó a Kiara. Estéfano llegó a la casa por orden directa de Kiara, que tenía sus dudas respecto a ella. Estéfano intentó ser cortés y condescendiente con ella; después de acostar al niño, se pusieron a jugar a los naipes. Estéfano ganó un tercio de las partidas y Viviana decía que solamente era suerte. De repente el celular de Viviana sonó y ella, con naturalidad, contestó; de manera abierta y amigable, informó que se quedó a trabajar y no volvió al departamento. —Era mi madre —dijo antes de repartir de nuevo los naipes. Estéfano miraba la precisión de sus manos al barajar las cartas. —Eres hábil —comentó mirando detenidamente sus manos. —Aprendí en la facultad de idiomas; a mi novio le gustaba hacer trucos. Estéfano levantó una ceja. —Debe extrañarle mucho —expresó mientras revisaba sus naipes. Viviana suspiró antes de responder. —Él ya está casado… Estéfano sonrió y, con la voz un poco rasposa, interrumpió: —Y usted, ¿ha pensado en casarse? Viviana respondió con seriedad: —Para que yo me case deben pasar tres cosas: la primera, que crezcan mangos en el desierto; la segunda, que el dueño de los mangos sea guapo; y tercero, que sea alguien que me quiera con todas mis personalidades. Estéfano rió y recordó la vez que Patrick le dijo que por la musa plantaría mangos en el desierto, porque no le importaba si ella era una víbora, un águila o una mujer fatal: la amaría siempre como fuera. Recordó que buscar a quien no quería ser encontrada era una pérdida de tiempo. Su rostro se ensombreció y Viviana prefirió despedirse de él para irse a dormir. Estéfano, que parecía ver fantasmas en las sombras, buscó en redes sociales a Viviana. Sí, ahí estaba: la maestra de la danza, videos de su adolescencia bailando danza árabe o aérea, una fotografía muy vieja con el novio. Cerró los ojos para recordar el pueblito que tuvo que habitar para dar vida a los jarrones de Patrick y, en sus recuerdos, se dirigió a la casa en la que vivió el hombre que destruyó a Yadira impidiéndole creer en el amor otra vez. Estéfano revisó las fotos que logró obtener dentro de su investigación y no eran ni siquiera parecidos. —Definitivamente me voy a volver loco con esto —se dijo—. Creo que Damián tiene razón: ella es una, Yadira fue otra. Sus cenizas están en el mar junto a los peces y Viviana está aquí en esta casa. Se dirigió al cuarto de invitados e intentó dormir. A las tres de la mañana Estéfano se dirigió a la cocina por un vaso de agua y, entre las sombras, tropezó con Viviana, tirándole el agua encima. Él encendió la luz y vio la bata de seda transparente por el efecto del agua; ella se cubrió el pecho enseguida y regresó al cuarto avergonzada. Estéfano se dirigió de nuevo al cuarto con la imagen de Viviana cubriendo su pecho con las manos. Encendió su laptop y revisó el acta de defunción de Yadira y la prueba de ADN entre ella y el niño. No había duda: todos vieron el cadáver, sus ojos verdes inexpresivos, su pecho lastimado por la bala. El ADN indicaba el parentesco directo de la difunta con Eddy. Otra vez Viviana llegó a su memoria: el escote pronunciado y el efecto del agua. Revisó las cámaras de seguridad e hizo un acercamiento; no había ninguna marca en su pecho. Respiró exhausto y se acomodó en la cama para intentar dormir.






