Capítulo 3

​El lunes temprano, en la oficina, Estéfano llegó antes que Damián y, cuando este ingresó, lo encontró con la imagen de Viviana con la bata de seda en la laptop.

​—Para que la aprecies mejor, deberías verificar las cámaras de seguridad ahora; fue una excelente sugerencia tuya colocar las cámaras de ultra alta definición. Ella está en la piscina con Eddy.

​Estéfano se sobresaltó y preguntó:

​—¿Tan temprano? Apenas van a ser las diez de la mañana.

​Damián se rió fuerte y le contestó que él estaba fresco porque tenían aire acondicionado, pero afuera pasaban de los 25 °C. Estéfano se frotó la cara y se disculpó de inmediato. Con la camaradería que nunca pudo conseguir con Patrick, insinuó que Viviana era hermosa. Damián tragó saliva y le contó que Kiara lo sorprendió mirando las imágenes y se molestó porque le dijo que estaba pasando de lo profesional a lo personal; de seguir así, no le iban a importar los avances del niño y la iba a despedir.

​Estéfano, que conocía parte de las debilidades de Kiara, le sugerió llevarla dos días a un spa mientras él vigilaba a Viviana o moría en el intento. Damián pensó que era una buena opción, pero para evitar malos entendidos llevaría a Eddy a la casa de Diego para que lo cuidara en su ausencia. Damián salió y, cuando cerró la puerta, iba recordando los labios carnosos de Viviana y la dulzura en su voz con la que le pidió acceso a la biblioteca; le pareció una sugerencia inofensiva, pero Kiara tenía sus dudas.

​Estéfano se acomodó en el escritorio para revisar los avances de la producción para la siguiente colección de camisetas, La herencia de la musa, inspirada en la maternidad y el cuidado que ella dio a su hijo hasta el último día de su vida. Con las imágenes de Viviana dando vueltas en su cabeza, se apoyó en el espaldar por un momento.

​Diego ignoraba los temores que movían a Estéfano y Damián. Llamó a Viviana para que lo ayudara mientras él disfrutaba de una parrillada con sus amigos. Viviana se fue con un traje deportivo de colores brillantes como el arcoíris y el cabello recogido en una trenza peinada artísticamente como en el jarrón que fue una de las piezas más importantes de la colección, Para llenarte de flores, que Patrick lanzó esperando que Yadira volviera a su lado con la promesa de regalarle flores cada día; pero, a diferencia de aquel, este sí estaba vivo.

​Al faltar Estéfano con su extrema forma de comparar a Viviana con Yadira, el aire se sentía más liviano. Cansado de jugar, Eddy se durmió y, mientras Diego conversaba con sus amigos, Viviana se coló en la habitación de Patrick. Su estado deplorable la llenó de pena; él extendió su mano para tocar su cara y, cuando dijo: «Por fin volviste», buscó en sus ojos el verde esmeralda de la camisa agujereada que aún guardaba en un cajón. Ella le agarró la mano y le dijo:

​—Tú lo causaste, ahora debes despertar.

​Sus dientes se hicieron más grandes y los clavó en su cuello. Él la agarró con fuerza besando sus labios; ella logró zafarse y corrió al baño a maquillarse las marcas de sus manos y sus labios, ocultando el verde de sus ojos detrás de unas gafas. Una vez cubiertas las marcas, empezó a colaborar con Diego. Tomó el cuchillo para preparar la ensalada y en un descuido sufrió un corte profundo en el dedo; con el dedo amarrado con un pañuelo, Viviana llegó al hospital.

​El doctor le suturó el dedo y se lo vendó. Estéfano aprovechó el momento y ordenó una prueba de ADN entre ella y el niño. De repente, el suave movimiento de la mano de Kiara sobre el hombro de Estéfano lo despertó. Ella, con la voz ausente, interrogó:

​—¿Estás durmiendo en el trabajo, Estéfano?

​Él sacudió la cabeza, su rostro sudoroso y el temblor en su voz balbuceando que no hubo parrillada ni beso. Volviendo a la realidad con una disculpa rápida, preguntó a Kiara qué se le ofrecía; ella le contestó que quería una reservación en un hotel para Damián. Estéfano aplastó el teclado en su computadora y en la pantalla apareció el documento de avances de la nueva colección de camisetas; minimizó el documento y preguntó a Kiara a dónde y cuántos días se irían, a lo que ella respondió:

​—Deberías preguntar tú mismo. Damián se irá al lanzamiento de las camisetas. No quiero a Damián respirando el mismo aire que el mío hasta que él se vaya. Voy de regreso a la casa y, en cuanto al trabajo que hago aquí, también lo puedo hacer desde el estudio.

​Kiara salió de la oficina de Estéfano. Él se quedó sentado procesando los sucesos. Damián llamó a la puerta e ingresó. Estéfano le preguntó en qué hotel y cuánto tiempo se iría y Damián lo miró con un halo de tristeza en la mirada.

​—Prefiero que el viaje sea corto. Me voy al lanzamiento de la campaña y regreso enseguida para tomarme los dos días libres junto a Kiara, tal como me sugeriste. Mi padre ya aceptó cuidar de Eddy en mi ausencia y Viviana tendrá esos días libres; puedes invitarla a salir para ver si averiguas lo que los documentos no quieren decir.

​Estéfano lo miró con tristeza, porque las palabras de Damián arrastraban la carga impuesta de golpe por la vida.

​—Desde que Helena se casó y se fue a Boston, y la señora Kiara tomó su lugar, no he salido. Puede que resulte buena idea invitar a Viviana a un bar.

​Con los dedos aún temblando, Estéfano llamó a Viviana. Ella, siempre paciente, esperó que el celular sonara tres veces para contestar a la cuarta. La voz casual de Estéfano sonó del otro lado del auricular como un amigo que quiere recordar tiempos idos. Viviana, con tono amistoso, aceptó la invitación y quedaron en que la recogería en el condominio Falcón, ya que esa noche y el mediodía siguiente Damián le dio libre a petición de Estéfano.

​Para la cita, Viviana lucía un jean ajustado y una blusa negra un poco provocativa. Dejó su pequeña cartera pasar por el escáner y salió sin contratiempos. Las luces de la ciudad enmarcaron la autopista y Estéfano condujo hasta un bar discreto a las afueras de la ciudad. Viviana sonreía dejando ver sus dientes y su mirada bajo las luces y sus pestañas postizas. Al entrar al bar, fueron llevados a una mesa en una esquina donde la luz apenas llega. El camarero se acercó y Viviana pidió un whisky seco.

​—Empezamos fuerte —dijo Estéfano con el frío recorriendo su cuerpo y una sonrisa mal dibujada en su rostro, mientras pedía un Martini.

​Viviana sonreía y preguntó acercándose a su rostro:

​—¿Qué esperabas entonces?

​Estéfano se encogió de hombros y Viviana le dijo que estaba cansada de que todos en la casa la miraran esperando algo más de ella; era como si solo la idea de verla respirar evocara a otra persona. Estéfano intentó disculparse y, cuando llegaron sus bebidas, Viviana bebió su whisky de un solo trago. Estéfano bajó la cabeza; Viviana iba a retirarse de la mesa y él la detuvo de la mano.

​—Espera, por favor. Podemos pedir otra ronda y conocernos un poco mejor —expresó con su voz firme y provocativa.

​Viviana levantó la barbilla, hizo un gesto al camarero y pidió otra ronda igual. Apenas los vasos fueron puestos en la mesa, Viviana cambió las bebidas.

​—Déjame probar qué tal es el Martini aquí —expresó lamiendo suavemente

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