Silvano subió a su auto y soltó un suspiro de alivio. El asistente preguntó cómo resultó la cita y explicó que pasó minutos angustiosos sin poder rastrear su verdadero recorrido. Silvano levantó la ceja y, para evitar caer en detalles que podían dejarlo al descubierto, comentó:
—¿Recuerdas cuando me contaste que concretaste una cita con una hermosa muchacha en una aplicación para citas? —con las manos firmes en el volante, el asistente asintió con una seriedad que rayaba en lo religioso—. Cre