Ismael abrazó a Serena y susurró en su oído:
—Dime que no manipulaste el banco de ADN y que tu padre de verdad está enfermo.
Serena sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Ya te había confesado mi secreto, eso no era una sorpresa para ti…
Serena se quedó mirando la extensión del mar que parecía no tener principio ni final. Recordó el día en que firmó los documentos como accionista minoritaria del banco de ADN; un requisito indispensable era entregar las muestras para que formaran p