Capítulo Setenta y Ocho. El bosque que susurra promesas
El sol apenas despuntaba cuando la caravana de lobos y brujos cruzó el viejo sendero de piedra. Frente a ellos, el Bosque Negro se abría como una herida viva: árboles tan antiguos que sus copas parecían rozar el cielo, y raíces tan gruesas que parecían venas dormidas bajo la tierra.
Pero no dormían. Nada en ese bosque dormía.
Rowan caminaba en cabeza, su mirada fija y el paso seguro, aunque el aire mismo pareciera volverse más denso con ca