Capítulo Setenta y Siete. Amanecer de lobos
El sol aún no había asomado del todo cuando el patio del castillo se llenó de movimiento.
Guerreros empaquetaban provisiones, reparaban armaduras, cargaban flechas de punta de plata y antorchas bañadas en aceites de protección.
El aire olía a hierro, a magia… y a miedo.
En el centro del patio, Rowan, Kael y Lyra se mantenían juntos. No hablaban mucho. Las palabras sobraban cuando el destino pesaba más que cualquier frase.
Rowan, con el semblante serio