Capítulo Setenta y Seis. Donde duerme la oscuridad.
El viento nocturno se colaba por las grietas del salón roto, llevando consigo el olor a madera quemada, a tierra húmeda… y algo más. Un susurro, como una promesa maldita.
Kael, Rowan y Lyra permanecían de pie, hombro con hombro. El silencio entre ellos no era vacío: era una tregua, frágil, tejida con hilos de sangre, culpa… y un amor que ninguno terminaba de soltar del todo.
Morgana avanzó, apoyándose en su bastón de roble negro. Sus ojos, tan