Capítulo cuarenta y cinco. No pude alejarme.
Kael salió del círculo ancestral con el rostro en sombras, los músculos tensos y la rabia contenida como un volcán a punto de estallar. El eco de la sentencia retumbaba en sus oídos, la inocencia declarada de Lysandra era un golpe directo a su autoridad y a la seguridad de la manada y ahora esto de Maelia.
En el pasillo que llevaba a sus aposentos, se detuvo un instante, cerró los ojos y respiró hondo. La lluvia aún persistía fuera del castillo, golp