Capítulo treinta y ocho. La herida que no sangra.
Lyra no supo en qué momento se quedó dormida. Tal vez no lo hizo realmente. Tal vez su mente, agotada, simplemente se desconectó para no romperse del todo. Despertó con el primer rayo de luz filtrándose entre las cortinas de la torre. Tenía los labios secos, las piernas entumecidas y un solo pensamiento repitiéndose como un eco:
“¿Quién fui… antes de ser Lyra?”
El susurro de Kael seguía palpitando en su memoria, como un latido antiguo. No s