Capítulo ciento cinco. La promesa rota
Kael respiraba con dificultad.
El templo se sentía más oscuro desde que abrió los ojos. No por falta de luz —las antorchas seguían vivas, vibrando con cada pulso de magia— sino por la certeza que se había anclado en su pecho: el mundo afuera ya no era el mismo. Y él tampoco.
Rowan se acercó con pasos lentos, deteniéndose a solo un par de metros. Lo observaba como si no supiera si abrazarlo o detenerlo.
—Estás despierto —dijo al fin, la voz cargada de alivi