Tal como Lucía había previsto, la voz furiosa de Nadine estalló a sus espaldas.
—¡Dejen de filmar! ¿No me oyeron? —gritó, estrellando su bolso contra la carrocería de su deportivo rosa de edición limitada, dejando un rayón profundo en la pintura. No le importó; cerró la puerta con un estruendo que pareció silenciar la calle.
Zane se quedó paralizado. Jamás había visto a Nadine perder la compostura de esa forma. Al reaccionar, ordenó a seguridad confiscar los teléfonos para evitar filtraciones q