En el fondo de su mente, Carlos ya se estaba pateando a sí mismo. ¿Cómo pudo dejar que Lucía lo viera luciendo como un desastre total? Sin embargo, ver lo nervioso que estaba tranquilizó un poco a Lucía. El estrés acumulado en la villa se disipó y ella soltó una pequeña risa.
—Te ves tan lleno de vida así, como sos vos en realidad —comentó ella con dulzura.
En el momento en que Carlos escuchó eso, sus orejas se pusieron rojas, aunque intentó ocultarlo con su cabello. —¡Te traeré la maleta! —sal