Su mirada se posó en su propia firma al pie de la página. Por un instante, Lucía se sintió perdida. Si no hubiera sido por ese encuentro casual con Carlos, ella y Alisson estarían ahora mismo a la intemperie bajo el cielo rojizo del crepúsculo. Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar su fragilidad en el hospital del Grupo Valladares, rota y sola.
Pero esta vez era diferente. Lucía levantó la vista con una determinación inquebrantable: iba a conseguir que Fernando firmara el divorcio. S