La verdad era que Sergio no tenía la menor idea de dónde se escondía Lucía. Al ver la expresión indescifrable de Fernando, bajó la cabeza.
Lucía siempre había sido una mujer de cristal; de las que no cargan una bolsa del súper ni aunque les vaya la vida en ello. Crecida entre algodones, nacida en una familia de linaje y convertida en una abogada de élite cuyas manos jamás habían tocado el detergente. Ahora, arruinada y sola, Sergio no alcanzaba a imaginar cómo sobrevivía. Incluso él sentía que