—Vuelva mañana por la mañana, como a las 9:30. El anillo aparecerá entonces —dijo Lucía con una calma que contrastaba con su ropa raída.
Doña Jessie Vale, agotada por la angustia, sintió un chispazo de esperanza. Miró a la muchacha: una barrendera con una cicatriz y una bebé en brazos. Parecía la imagen misma de la miseria, pero sus ojos tenían una claridad que no pertenecía a las calles.
—¿Me lo jura? ¿Si vengo mañana me lo devuelve? —preguntó la anciana con sospecha. ¿Acaso esta mujer lo tení