El interior de la camioneta blindada se transformó en una cámara de agonía asfixiante. El aire, saturado por el acre olor de la pólvora, el ozono de las granadas y el aroma metálico y pesado de la sangre, se sentía como plomo en los pulmones de Alexander. Sostenía a Marcus contra su pecho, con una desesperación que no entendía de tácticas ni de jerarquías. El veterano, el hombre que había sido su sombra, su escudo y su único hermano real en un mundo de parientes de sangre gélida, luchaba por ca