La noche en la casona de los bosques no era oscura, sino de un azul profundo y aterciopelado que invitaba a la introspección. Sin embargo, para Alexander Thorne, el silencio se había vuelto un ruido blanco ensordecedor. Se removió entre las sábanas de seda, escuchando la respiración acompasada de Sofía, pero su mente estaba a kilómetros de allí, en un apartamento cerca de Columbia y en los pasillos de cristal de Fénix Inc.
Hacía meses que algo no encajaba. La maquinaria familiar, que tanto esfu