El sol de un agosto maduro y dorado caía sobre los jardines de la casona de los bosques con una benevolencia que parecía bendecir cada brizna de hierba.
Habían pasado cinco años desde que la última sombra de la guerra se disipó, y la propiedad, que una vez fue un búnker de alta tecnología disfrazado de hogar, se había transformado en un verdadero edén. Ya no había guardias con rifles de asalto patrullando el perímetro; la seguridad de Fénix Inc. se había vuelto tan sofisticada que era invisibl