La mañana siguiente al descubrimiento de las cartas trajo una luz diferente, una claridad que cortaba la bruma de la depresión. El dolor seguía allí, punzante y fresco como una herida que apenas empieza a cerrar, pero la carta de Marcus había inyectado una chispa de propósito eléctrico en la familia. Ya no podían seguir siendo fantasmas habitando una casona de cristal.
—No podemos dejar que su sacrificio sea el regalo para una familia que vive escondida como si hubiera cometido un crimen —sente