La entrada a la residencia de Maximilian Vanderbilt no fue el recibimiento de un caballero a una dama, sino la bienvenida de un arquitecto del caos a su nueva aliada. Lysandra bajó del auto y caminó hacia la puerta principal sin esperar a que nadie la escoltara. El aire nocturno era pesado, cargado con el olor a tierra mojada que se adhería a su piel como un recordatorio del hombre que según lo que vio en el video, permanecía tiritando en una parada de autobús.
Maximilian la observó desde atrás