Al entrar al estudio, Ethan golpeó la mesa furiosamente:
—¡Te he advertido mil veces que no dejes que Lucy te vea! ¿Y si descubre lo nuestro?
Pero Nora, lejos de retroceder, rodeó su cuello con sus brazos:
—¿Qué temes? Esta noche en la oficina me pedías que no me detuviera. ¿No deberías alegrarte de que ahora venga a entregarte el servicio a domicilio?
El rostro de Ethan se nubló de conflicto mientras desenredaba sus brazos:
—No te excedas. ¡Nuestra habitación está justo al lado! Si ella se