*—Uriel:
Uriel bajó del jeep y respiró profundamente. Una bocanada de aire limpio lo envolvió de inmediato: el olor húmedo de la vegetación, la brisa salina proveniente del mar, el perfume silvestre de la tierra mojada. Naturaleza pura. Cerró los ojos un momento y sonrió. Vacaciones. Finalmente.
Detrás de él, los vehículos estaban estacionados en el amplio parqueo del complejo turístico. Todo lucía ordenado, elegante y al mismo tiempo rústico, con cabañas de madera oscura rodeadas de palmeras