*—Uriel:
—Creo que este es el lugar perfecto —dijo Uriel, apoyado en la baranda de cristal del balcón, mientras la brisa salada del mar le acariciaba el rostro y el horizonte se teñía de tonos ámbar y rosados.
El sol comenzaba a hundirse lentamente en el agua, pintando el cielo con pinceladas cálidas. Desde ahí, la bahía se extendía majestuosa y la ciudad parecía un paisaje detenido en el tiempo.
Uriel respiró hondo. Aire fresco, limpio, distinto.
Después de días cargados de tensión en el traba