*—Danny:
En ese momento, el teléfono de Danny vibró con suavidad. Al sacarlo del bolsillo y ver el nombre en pantalla, no pudo evitar sonreír con ese brillo bobo en los ojos que solo Uriel lograba provocarle. Su amado no había podido acompañarlos por una reunión importante sobre un nuevo proyecto con un cliente molesto, pero le había prometido que, apenas terminara, se reuniría con ellos. Y como ya era casi mediodía, parecía que ese momento había llegado.
—Hola, amor mío —saludó Danny con una v