*—Danny:
Había pasado una semana desde que Nathaniel comenzó a vivir con él, y Danny todavía no podía creer lo bien que estaba yendo su vida. Meses atrás, se encontraba en el fondo del océano, ahogándose en sus propias decisiones, sin aire, sin rumbo, creyendo que no había escapatoria posible, pero ahora… ahora estaba sobre tierra firme. Tenía un trabajo estable, un techo seguro, sus problemas parecían, por fin, empezar a resolverse. Su hijo estaba a su lado. Y Uriel, el hombre que había creído