La pregunta de Selena hizo que el ceño de Eduardo se frunciera profundamente. El mismo Mateo no había imaginado que esas palabras saldrían de la boca de Selena. Pensó que ella mencionaría una cifra con una larga fila de ceros detrás, pero claramente estaba equivocado.
Mateo se contuvo para no reír. No sabía hacia quién debía dirigir esa risa: hacia sí mismo, por haber pensado que Selena era tan codiciosa como la familia Santoro, o hacia los Santoro, que al final habían sido derrotados por una j