Héctor y Nadia se tranquilizaron.
—Muy bien, gracias, doctor.
El médico se retiró, y Héctor y Nadia se sentaron junto a la cama, observando a Valentina exhausta.
Nadia acarició el rostro de Valentina.
—Valentina estuvo aplicándome agujas durante dos horas. Se desmayó por mi culpa. Apenas la conozco, pero ha sido tan buena conmigo que no sé cómo agradecérselo.
Héctor la consoló:
—Valentina estará bien.
—Héctor, no sé por qué, pero cuando miro a Valentina siento una extraña cercanía. Me gustaría m