En el fondo, Joana hervía de envidia y resentimiento.
—Ya lo vi. Sara llegó... ¿y Luis?
Nina echó un vistazo y de pronto sus ojos se iluminaron.
—¡Mamá, Luis no vino!
—¿Cómo?
Joana levantó la vista. Sara había bajado del auto y entrado sola. No había ni rastro de Luis.
—¡Luis no vino! ¡Pero si Luis no vino! —Joana apenas podía contener la euforia—. ¡Esto es una bendición del cielo!
—Esta noche Luis era el verdadero invitado de honor —dijo Nina—. El abuelo no ha estado esperando a nadie más que a