Joana asintió dócilmente.
—Leandro, entra tú.
—Entonces tú y Nina vuelvan a casa temprano —dijo Leandro—. Voy a pedirle al chofer que las lleve primero, y en cuanto termine el banquete de cumpleaños, regreso con ustedes.
Leandro lo había dispuesto todo con su habitual consideración.
—Leandro, Nina y yo no queremos volver a casa —dijo Joana—. Aunque Federico no reconozca a Nina, ella siempre lo ha respetado en su corazón. Si no la deja entrar, está bien, nos quedaremos aquí afuera. Para nosotras,