¿Qué estaba diciendo?
Nadia le dio un puñetazo: —¡Aléjate! Tú quieres, ¡pero yo no!
Héctor: —¿De verdad no quieres?
Nadia: —No quiero.
Claro que no quería. Solo de pensar en la imagen de él e Irina entrelazados en la cama, sentía un rechazo físico.
Héctor, dominante: —¡Aunque no quieras, tendrás que aguantarte!
Héctor bajó la cabeza y la besó con fuerza.
Nadia luchaba enérgicamente cuando se escuchó la voz de la sirvienta desde fuera: —Señorita Méndez, hola.
Valentina había llegado.
Nadia empujó