Luciana asintió.
—Está bien, papá. Necesito que me ayudes.
—Lo sé, Luciana. Ve a descansar a tu habitación. Si el cielo se derrumba, papá lo sostendrá por ti.
—Bien —respondió Luciana antes de retirarse a su cuarto.
Ángel y Catalina también regresaron a su habitación. Catalina se duchó primero y se acostó. Cuando Ángel terminó su baño y se metió en la cama, Catalina le dijo:
—Ángel, tienes que ayudar a Luciana.
—¿Cómo? —preguntó él.
—Contactando a ese personaje importante de Costa Enigma, por su