Se escuchó el tintineo del timbre.
La puerta del apartamento se abrió rápidamente, y apareció la esbelta y delicada figura de Valentina.
—¿Quién es...? ¿Señor Figueroa? —preguntó Valentina al ver a Mateo en el umbral.
Mateo la observó. Valentina se había cambiado a un vestido holgado para estar en casa, y se había quitado el sofisticado maquillaje, revelando un rostro natural y hermoso. Había pasado de ser la deslumbrante belleza de la gala a una encantadora mujer de aspecto sencillo.
—Valentina