Leandro estaba tan furioso que no podía hablar. Pronto, una voz suave y gentil llegó a los oídos de Sara.
—Sara, todo es mi culpa. Si estás enojada, descárgalo conmigo. ¡Nina es inocente!
Sara reconoció la voz. Era Joana, esa amante que su padre había mantenido escondida todos estos años.
Joana sollozó.
—Sara, si no puedes perdonarme, iré a buscar a tu mamá ahora mismo, ¡le rogaré que me perdone!
El corazón de Sara se apretó. Esta Joana sabía perfectamente cómo provocar a su madre.
La madre de S