Los ojos de Luis parecían arder en llamas. No podía resistirse a esta provocación.
Luis la estrechó entre sus brazos. Ella enredó las piernas alrededor de su firme cintura y entraron juntos al baño.
Luis abrió la regadera. El agua tibia cayó sobre ellos de inmediato. Sara comenzó a quitarle la ropa.
Luis la besó.
—Sara, ¿qué somos ahora exactamente?
Sara respondió:
—Estamos casados, ¿no somos esposos?
Luis la observó fijamente.
—Sabes a qué me refiero.
Originalmente se trataba de un matrimonio a