Luis la miró con seriedad.
—¡No tengo preservativos aquí!
Sara se quedó helada. Justo ahora se le ocurría que no había condones en casa.
Pero en realidad no los necesitaban.
Porque ella buscaba precisamente quedar embarazada.
Sara lo abrazó.
—No importa.
Luis la apartó ligeramente.
—No podemos. Podrías quedar embarazada.
Sara alzó su pequeño rostro.
—¿No te gustan los niños?
Las cejas de Luis se fruncieron levemente.
—¡No demasiado! Además, tampoco estoy listo para ser padre.
Sara preguntó:
—¿Y