Luis apoyó las manos sobre la cama. Por el repentino jalón de ella, su atractivo rostro terminó pegado al suyo, a una distancia mínima.
Sus alientos se mezclaban. Luis captó su aroma.
No era el perfume de alguna fragancia artificial, sino ese olor corporal natural después de un baño. Una sensación muy dulce y delicada.
Luis recuperó el equilibrio y la observó.
—¿Qué estás haciendo?
Sara en verdad se había quedado dormida. Ahora tenía los ojos medio cerrados de sueño.
—Nada, solo te doy las graci