Capítulo 143 —La vida apesta
Narrador:
Pasaron algunos meses.
No fueron tranquilos, pero fueron previsibles. Clases, recreos tensos, miradas que se apartaban. El apodo ya no se discutía, se aceptaba, Dominic lo celebraba, Román lo toleraba.
Pero un día, todo cambió.
El director apareció en la puerta del aula sin hacer ruido. Se quedó parado, mirando fijo al frente, hasta que la profesora se calló.
—Adler —dijo —Acompáñame.
Román no preguntó. Se levantó y salió detrás. El pasillo estaba vacío. El