Capítulo 117 —El túnel
Narrador:
La finca de Noya ya no era una finca. Era un matadero.
Las luces exteriores parpadeaban, algunas reventadas a tiros, otras colgando de cables chamuscados. El humo se mezclaba con el olor metálico de la sangre y el de la pólvora reciente, espesa, pegajosa en la garganta. Cadáveres por doquier.
—¡Avancen! —gritó Roman desde el flanco derecho —¡No dejen que escapen por el bosque!
Los hombres del Diablo se movían como una sola cosa, cubriéndose, disparando, cerrando