La mansión de Brickell se despertó bajo un velo de tensión. Esa mañana, la farsa debía pasar su primera prueba de fuego. Henry Daniels, el abogado y amigo íntimo de Iván, llegaba para una revisión exhaustiva de los preparativos antes de la visita de la trabajadora social.
Alma se miró al espejo, casi sin reconocerse. Llevaba un vestido de lino color crema, sencillo, pero de una elegancia insultante, y el cabello recogido en un moño bajo que gritaba sofisticación.
Se sentía como una actriz minut