Mundo ficciónIniciar sesiónEl estruendo del sellado hidráulico de la bóveda fue como el cierre de un ataúd de acero.
El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el siseo siniestro de las rejillas de ventilación que, en lugar de insuflar aire, habían comenzado a succionar el poco oxígeno que quedaba en la pequeña sala blindada.
Alma apretó el diario de cuero contra su pecho, mientras Iván se lanzaba contra la puerta de metal, golp







