La mañana siguiente al desastre en la boutique de Coral Gables amaneció con un cielo plomizo, como si el clima en Miami intentara mimetizarse con el estado de ánimo de Alma.
A pesar de la humillación sufrida, ella se obligó a levantarse, a maquillarse las ojeras y a fingir que la ansiedad no le estaba cortando la respiración.
Iván se había marchado temprano a una reunión de emergencia en el Lockwood Financial Group, dejándole una nota manuscrita.
“Confío en tu buen gusto para la cena de ensayo.