El silencio en la casa de seguridad de Coconut Grove tras la llamada de Alister Thorne no era un vacío, sino una presión asfixiante.
Miami, afuera, intentaba lamerse las heridas de la tormenta, pero dentro de aquellos muros, la verdadera tempestad apenas comenzaba a mostrar su rostro más crudo.
Iván Lockwood permanecía frente al ventanal, observando el reflejo de un hombre que ya no reconocía en el cristal.
Pasaron tres días en un limbo de tensión y revelaciones silenciosas.
Iván no había vuelt