La Corte Federal del Distrito de Florida nunca había albergado una atmósfera tan cargada de electricidad y justicia inminente, las cámaras de todo el mundo apuntaban a las puertas de roble, esperando el veredicto de lo que la prensa había bautizado como "El Juicio del Siglo".
Para Iván y Alma, sin embargo, no era un espectáculo mediático, era el exorcismo final de los demonios que habían secuestrado sus vidas.
El silencio en la sala era sepulcral cuando Alma Reyes subió al estrado.
Su silueta,